En el documental “La gran noche del pop” (disponible en la plataforma Netflix) queda registrado el histórico encuentro de la élite musical estadounidense para la loable labor de grabar la canción “We are the world” con la finalidad de recaudar fondos para paliar la hambruna en Etiopía.
Harry Belafonte fue el precursor de esta idea de hacer la canción, aunque de la composición se encargaron Michael Jackson y Lionel Richie, ambos intentaron contactar infructuosamente con Steve Wonder para que participara en el proceso de composición, pero este no respondía a los mensajes dejados en el contestador. Por lo que Lionel se reunió con Michael en su casa para componer la canción (en compañía de Bubbles). La canción se hizo a contra-reloj porque el día de grabación estaba ya fijado, tenía que ser la noche del 25 de enero del 1985, ya que los cantantes concurrían en la misma ciudad para la entrega de los American Music Award.
El proceso de grabación resulto todo un desafío, en la entrada se puso un cartel que decía algo del estilo “Dejen su ego aquí en la entrada”. A saber lo que iba a pasar ¿se discutirían por cantar el mismo párrafo de la letra? ¿competerían por quien cantaba más líneas? se habían hecho grupos de tres para cantar a la vez ¿se negaría algún cantante a cantar con algún otro? La grabación empezó con Bob Geldof espoleando a los artistas, concienciándolos de la finalidad de la grabación del tema. La noche avanzaba rápida y la grabación avanzaba lenta. Pasadas las horas, de madrugada, los artistas tenían hambre y tuvieron que encargar comida rápida (como no). Steve Wonder estaba medio ofendido por no contar con él para componer la canción pese a no responder a las llamadas que le hicieron para ello. Steve propuso cantar un trozo de la canción en swahili y se tuvo que malgastar un tiempo precioso en convencerlo de que no era lo más idóneo. Bob Dylan pasó apuros para cantar su trozo, parece ser que le resultaba difícil cantar una canción que no hubiera compuesto él y le resultaba incómodo cantar delante de todos esos artistas por lo que tuvo que quedarse solo con Stevie Wonder al piano, el cual le empezó a imitarle cantando la canción y entonces fue cuando Bob Dylan vio como debía cantar su trozo de canción (viendo la imitación de Steve Wonder que hacía de él cantándola).
Al final, tras muchos apuros, repeticiones, cansancio, la grabación llegó a su fin, Quincy Jones ya tenía el material suficiente para montar la canción en el estudio. Los artistas iban marchando del estudio y entonces el cámara sacó la factura para cobrar el dinero correspondiente por su maratoniana sesión de grabación del evento, a lo que Quincy Jones le dijo que todos los que estaban allá estaban trabajando de gratis, lo cual era cierto, pero había una diferencia sustancial, los músicos eran millonarios y el cámara no, con lo que finalmente el cámara no cobró nada por su trabajo pero por otro lado tuvo la ocasión de estar allí presente en ese momento histórico.
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